Ing. René Vargas | Presidente de CANAME (1981-1983)
La presidencia del Ing. René Vargas se desarrolló en uno de los periodos económicos más complejos del país, en el que la volatilidad cambiaria obligó a la industria eléctrica a replantear sus condiciones de operación y negociación.
Un entorno económico adverso
Asumir la Presidencia de CANAME representó, para el Ing. René Vargas, un privilegio y una responsabilidad en un contexto por demás complejo. Su gestión coincidió con una etapa de fuertes desequilibrios económicos en México, caracterizada por devaluaciones recurrentes y alta volatilidad cambiaria.
“A mí me tocó la época del llamado mexdólar en la que tuvimos discusiones importantes con la Comisión Federal de Electricidad (CFE), principal cliente de CANAME, para que aceptara las formulas de escalación de precios que ya se utilizaban en distintos sectores productivos del país. Eso era fundamental porque los contratos se negociaban con un precio, pero las variaciones del dólar frente al peso afectaban a las empresas.”
Sostener el diálogo y defender el valor
Uno de los principales desafíos de su gestión fue mantener una interlocución constante con los grandes clientes del sector: CFE, Petróleos Mexicanos y otras entidades públicas y privadas.
Más que un tema técnico, se trataba de lograr que se reconociera el impacto real de las devaluaciones en los costos de producción y en la facturación final de las empresas.
“Teníamos que ayudar a las empresas del sector a actualizar los valores de sus productos para que pudieran recibir pagos justos por los bienes que suministraban a la industria eléctrica.”
El trabajo coordinado con la Mesa Directiva que encabezaba resultó clave para enfrentar ese escenario, reforzando la capacidad de respuesta institucional en un momento de alta presión económica.
Información, credibilidad y posición institucional
Para el Ing. Vargas, la relación con la CFE dejó múltiples experiencias que reflejan la importancia de la información oportuna y la solidez técnica de la Cámara.
“Siempre buscábamos que existiera reciprocidad y que se compartiera información oportuna sobre los productos y volúmenes que la Comisión requería, para que la industria nacional pudiera atender esa demanda y evitar importaciones innecesarias”.
Uno de los episodios más significativos —recuerda— ocurrió durante un evento encabezado por el entonces presidente de la República, Miguel de la Madrid. Se trataba de un aniversario de la CFE al que acudió ya como Vicepresidente de CONCAMIN, y en representación de su presidente, el doctor Jacobo Zabludovsky Weber.
En ese espacio, se presentaron datos sobre la demanda de productos del sector eléctrico que, desde la perspectiva de CANAME, no correspondían a la realidad.
“Señalé públicamente que esas cifras no eran correctas y que CANAME contaba con información distinta sobre las necesidades específicas del sector. Algunos amigos me comentaron que pensaron que tal vez habría consecuencias por haber hecho esa observación frente al Presidente.”
Lejos de generar una confrontación, su postura fue validada por el señor Rodríguez Alcaine, líder sindical del SUTERM en aquel momento, lo que reforzó la credibilidad de la Cámara y su papel como referente técnico confiable.
Una industria indispensable
A su juicio, el papel de CANAME ha sido estratégico para el desarrollo del sector eléctrico mexicano.
“Hoy sería muy difícil imaginar una sociedad sin electricidad. Todo lo que utilizamos en la industria y en la vida doméstica depende de la energía eléctrica”.
“Pero la electricidad no se genera solo en las grandes centrales hidroeléctricas o térmicas; también debe distribuirse y llegar a los puntos de utilización. Y justo es ahí donde participa la industria representada por CANAME.”
“La gran mayoría de las empresas asociadas producen los equipos y productos para que la energía eléctrica pueda utilizarse tanto en el sector industrial como en el doméstico. Sin esos productos sería muy difícil garantizar una adecuada alimentación eléctrica en México.”
En su experiencia, la Cámara impulsó acciones para defender a la industria nacional, en particular frente a la piratería y las importaciones indebidas, destacando la capacidad del sector para atender la demanda interna.
Permanencia basada en solidez institucional
Para el Ing. Vargas, la continuidad de CANAME a lo largo de siete décadas responde, en gran medida, a la calidad y estabilidad de sus empresas afiliadas, así como a su capacidad para mantener una relación constructiva con el sector público.
El desarrollo de la Cámara ha avanzado en paralelo al crecimiento del país, lo que ha permitido responder a las demandas tanto del sector público como del privado.
A ello se suma la experiencia acumulada y el cumplimiento de estándares internacionales, factores que han sostenido su relevancia a lo largo del tiempo.
El liderazgo como servicio a la industria
Formar parte de la historia de CANAME representa para el Ing. René Vargas un hito relevante, pero también una responsabilidad de gran alcance.
En su opinión, ser Presidente de CANAME implica actuar con dignidad, honestidad y sentido institucional en una organización, que a lo largo de siete decádas, ha mantenido el reconocimiento del sector público y privado por su trabajo en beneficio de la industria y del país.
Pocas instituciones pueden decir que han llegado a 70 años con una trayectoria sólida y cercana a sus asociados. CANAME se ha consolidado porque ha estado presente para colaborar, apoyar y servir a las empresas del sector.
Durante su gestión, destaca la consolidación del patrimonio institucional, con la adquisición de la sede propia de la Cámara, así como el desarrollo del logotipo institucional, concebido como un símbolo de unidad entre las distintas secciones, un símbolo vigente hasta la actualidad.
En cuanto al relevo generacional, destaca la creciente participación de gente joven en los órganos directivos de la Cámara, lo que refleja un proceso de renovación que permitirá dar continuidad al trabajo institucional y fortalecer al sector en los próximos años.
“A los jóvenes les diría que asumir posiciones de liderazgo implica una gran responsabilidad y sacrificios personales, pero es un esfuerzo que vale la pena para contribuir al fortalecimiento del sector.”

Contexto
El periodo 1981–1983 estuvo marcado por una de las crisis económicas más severas en la historia reciente de México. La caída de los precios del petróleo, el aumento de la deuda externa y la pérdida de confianza en la economía derivaron en fuertes devaluaciones del peso y alta inflación.
En 1982, el país enfrentó la nacionalización de la banca y una profunda reconfiguración de su modelo económico. Para la industria eléctrica, esto implicó un entorno de alta incertidumbre, con presiones sobre costos, contratos y financiamiento. En este contexto, organismos como CANAME jugaron un papel clave al representar a la industria manufacturera eléctrica, promoviendo condiciones más equitativas en la relación con empresas del Estado como la CFE y defendiendo la viabilidad del sector frente a la volatilidad económica.