Ing. Rafael Nava Uribe | Presidente de CANAME (1997-1999)
A finales de la década de los noventa, la industria eléctrica mexicana atravesaba un periodo de redefinición. A tres años de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el sector comenzaba a dejar atrás la incertidumbre inicial para transitar hacia una etapa de estabilidad y mejor uso de nuevas oportunidades.
En ese contexto, Rafael Nava Uribe asumió la Presidencia de CANAME en marzo de 1997, tras una trayectoria que incluyó su participación en la Sección de Motores y en la Mesa Directiva como Secretario y Vicepresidente. Su gestión coincidió con un momento clave: el paso de la cautela a una visión más estratégica de la integración industrial en Norteamérica.
Redefinición del impacto del TLCAN
El sector eléctrico ya tenía un peso estratégico en la economía mexicana y enfrentaba el reto de capitalizar los beneficios del TLCAN. Para entonces, el país ya contaba con algunos años de experiencia bajo este esquema, pero aún era necesario ampliar su alcance y traducirlo en crecimiento industrial sostenido.
En los primeros años posteriores a la firma del TLCAN, una parte importante de la industria observaba con reserva la apertura comercial. Existía la percepción de que las empresas nacionales serían desplazadas por competidores internacionales con mayores capacidades.
Sin embargo, hacia el tercer año de implementación, los indicadores comenzaban a mostrar un comportamiento distinto. Las exportaciones mexicanas, particularmente hacia Estados Unidos, registraban un crecimiento sostenido, con segmentos como conductores eléctricos y electrodomésticos ganando terreno en el mercado regional.
Integrar la cadena de valor para competir
Ante este nuevo escenario, la estrategia se orientó a reforzar la integración de la cadena de valor en México. Para Rafael Nava Uribe, no bastaba con aprovechar el crecimiento de las exportaciones; se requería desarrollar capacidades locales que permitieran a la industria competir con mayor solidez.
Durante su gestión se trabajó para atraer proveedores internacionales y fomentar su establecimiento en el país, con el objetivo de impulsar la producción nacional de partes y componentes. Este enfoque incrementó la competitividad del sector y posicionó a México como un nodo relevante dentro de las cadenas globales de suministro.
Incidencia institucional: la reforma de normalización
Uno de los episodios más representativos se dio en 1997, al inicio de su gestión, durante el proceso de modificación de la Ley de Metrología y Normalización. A partir de la apertura comercial, se había permitido la participación del sector privado en actividades de normalización y evaluación de la conformidad; sin embargo, la acreditación permanecía como una facultad exclusiva del gobierno, lo que generaba inconsistencias frente al nuevo entorno de libre comercio.
Tras un proceso complejo de trabajo técnico y coordinación institucional, el proyecto estaba listo, pero surgieron objeciones en el ámbito legislativo. En ese contexto — recuerda— fue necesario sostener la posición de la industria a través del diálogo con autoridades y actores clave, lo que permitió avanzar con la reforma.
Este episodio refleja la capacidad de CANAME para incidir en políticas públicas, fungiendo como un interlocutor sólido entre la industria y el gobierno, y articulando también a otros actores de la cadena de valor, como distribuidores, comercializadores y organismos técnicos.
Coordinación sectorial
Para Rafael Nava Uribe, uno de los elementos que ha sostenido a CANAME a lo largo del tiempo es su capacidad de diálogo y negociación con el gobierno, incluso en contextos complejos. Si bien no siempre ha existido una alineación total, ha prevalecido una relación institucional que facilita plantear diferencias, construir consensos y defender posiciones con argumentos técnicos sólidos.
A ello se suma la unidad del sector. La coordinación entre empresas ha permitido enfrentar retos comunes mediante posiciones compartidas, lo que incrementó la capacidad de incidencia de la Cámara.
Destaca una cultura organizacional orientada a la propuesta. Más allá de la crítica, señala, la Cámara ha privilegiado la generación de soluciones, bajo la premisa de que el desarrollo del país es un factor indispensable para el crecimiento de la industria y sus empresas.
Infraestructura de calidad
Formar parte de la historia de CANAME representa, para Rafael Nava Uribe, un motivo de orgullo, pero también una responsabilidad. A lo largo de su trayectoria, tuvo la oportunidad de aprender de distintos referentes del sector y de contribuir, junto con otros liderazgos, a la consolidación de instituciones clave como la Asociación de Normalización y Certificación (ANCE) y la Entidad Mexicana de Acreditación (EMA), fundamentales para el desarrollo de la infraestructura de calidad en México.
Este trabajo, afirma, trasciende a la industria. La normalización, la certificación y la acreditación han sido pilares para garantizar la seguridad, la eficiencia energética y la calidad de vida de la población, con impacto directo en productos que van desde electrodomésticos hasta equipos industriales.
Para las nuevas generaciones, el mensaje es claro: mantener el compromiso, no perder de vista el largo plazo y continuar trabajando de manera coordinada. Los retos evolucionan, pero, advierte, los principios de colaboración, disciplina técnica y visión de país siguen siendo la base para construir una industria sólida y competitiva.
Contexto
En la segunda mitad de la década de los noventa, México atravesaba un proceso de ajuste y consolidación tras la crisis económica de 1994. En el sector eléctrico, el reto consistía en responder a una demanda creciente en un entorno de restricción presupuestal, lo que impulsó nuevos esquemas de participación privada.
Durante el periodo 1997-1999, se fortaleció el modelo de Productores Independientes de Energía (PIE), orientado a la construcción de centrales —principalmente de ciclo combinado— bajo contratos de largo plazo con la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Este esquema permitió ampliar la capacidad instalada y marcó un punto de inflexión en la incorporación del gas natural como fuente relevante en la matriz energética.
En paralelo, la apertura comercial derivada del TLCAN continuó reconfigurando la industria manufacturera eléctrica, impulsando su integración en cadenas de valor regionales y elevando los estándares técnicos mediante procesos de normalización, certificación y acreditación.