Ing. Edgar Richard Ubbelohde Rosaldo | Presidente de CANAME (1993-1995)
La apertura comercial de México en la década de los noventa redefinió las condiciones de competencia para la industria eléctrica nacional. La entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, sumada a la volatilidad política y económica del país, puso a prueba la capacidad de adaptación de la Cámara y de sus empresas afiliadas.
Desde su experiencia en negociación comercial y política industrial, Edgar Richard Ubbelohde Rosaldo participó en la definición de reglas clave para el sector eléctrico, en un entorno donde las decisiones estratégicas marcarían el rumbo de la industria en las siguientes décadas y donde la defensa del sector nacional se volvió prioritaria.
De la industria a la Cámara
Su vínculo con CANAME surgió a partir de su trabajo en la Confederación de Cámaras Industriales (CONCAMIN), donde colaboró por más de 11 años. CANAME, una de las cámaras más relevantes dentro de la Confederación, estaba vinculada a los temas que atendía, sobre todo en materia de abastecimiento del sector eléctrico.
En ese contexto, participó en la Comisión Consultiva Mixta de Abastecimientos, donde se comenzaron a definir reglas y procedimientos para adquisiciones, ajustes de precios, entre otros aspectos clave.
Más adelante, se integró a Conductores Monterrey y, tras su cercanía previa con CANAME, ingresó a su Consejo como Secretario, cargo que desempeñó de 1985 a 1993, año en el que asumió la Presidencia.
Ese periodo coincidió con transformaciones estructurales en el país: la adhesión de México al GATT, la apertura comercial iniciada en 1985 y, más adelante, la negociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá.
En ese proceso, CANAME jugó un papel estratégico. El entonces presidente, Jaime Dupuy, coordinó el tema de normas a nivel del sector privado, mientras que a Edgar Ubbelohde se le designó como coordinador en materia de contrataciones públicas.
Participó también en temas de aranceles y reglas de origen, lo que implicó una presencia activa en múltiples mesas de negociación.
“Mi gestión al frente de CANAME abarcó de 1993 a 1995. Después, fui representante de la Cámara y de CONCAMIN en negociaciones comerciales internacionales durante más de 25 años. En ese periodo acumulé experiencia en más de 50 rondas en cerca de 20 países, desde el TLCAN hasta el TPP en 2016.”
Decisiones en la crisis
“Al asumir la Presidencia, me correspondió liderar la Cámara en un momento de cambio: la entrada en vigor del Tratado el 1 de enero de 1994, en medio de un entorno político y económico adverso, incluyendo la crisis derivada del asesinato de Luis Donaldo Colosio y la posterior devaluación del peso en diciembre de ese mismo año.”
En este contexto —comenta— una de las decisiones más críticas fue la protección del patrimonio de la Cámara. Ante la posibilidad de una devaluación, optamos por contratar un instrumento financiero que, aunque generó resistencia interna, resultó acertado. Gracias a ello, el capital de CANAME no solo se preservó, sino que duplicó su valor nominal en pesos, manteniendo su poder adquisitivo.
Asimismo, se lograron avances importantes en la relación con la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Por un lado, se consiguió un diferimiento de nueve años en la obligación de realizar licitaciones internacionales conforme al Tratado, siendo el único sector con esta ventaja relativa. Por otro, se logró incorporar requisitos de contenido nacional en ciertos proyectos, en particular en adquisiciones de gran escala, a pesar de las restricciones establecidas en los acuerdos comerciales.
Cohesión institucional
En mi opinión, uno de los mayores activos de CANAME ha sido la cohesión entre sus miembros. A diferencia de otras organizaciones, en la Cámara prevalece una cultura de respeto y colaboración entre expresidentes y miembros de las mesas directivas, lo que sin duda le ha dado una fortaleza institucional significativa.
“A lo largo de los años, ha sido posible reunir distintos liderazgos sin conflictos personales, y se ha mantenido una línea institucional sólida. Cada administración ha aportado su estilo y ha enfrentado retos distintos, pero siempre dentro de un marco de continuidad y colaboración que hace más sólida a la Cámara.”
Impulso al sector eléctrico
Considero que el papel de CANAME ha sido fundamental como organismo que agrupa y enlaza a los principales proveedores de equipo eléctrico en México, además, por la promoción del contenido nacional, el desarrollo de capacidades productivas locales y la integración de cadenas de valor.
Al mismo tiempo, ha impulsado estándares de calidad y competitividad, lo que se refleja en el crecimiento sostenido de las exportaciones del sector.
En ese ámbito, el trabajo en normalización ha sido uno de los pilares estratégicos, garantizando que los productos cumplan con estándares técnicos valorados tanto en el mercado interno como en la proyección internacional de la industria.
Fundamentos de su vigencia
Para Edgar Ubbelohde la vigencia de CANAME responde a una combinación de factores: “un trabajo institucional serio, una visión de largo plazo y una cultura de colaboración entre sus miembros.”
Este enfoque —señala— ha permitido construir una industria sólida, con bases técnicas y comerciales robustas, de la cual hoy podemos sentirnos orgullosos al conmemorar 70 años de trayectoria.
Principios que sostienen el futuro
“Ser parte de CANAME implica orgullo por pertenecer a una industria que ha contribuido significativamente al desarrollo del país, y responsabilidad de continuar ese legado.”
“Las nuevas generaciones enfrentarán desafíos distintos en un entorno global dinámico. Sin embargo, los principios que han guiado a CANAME siguen vigentes: colaboración, cooperación y una visión orientada al bienestar del sector eléctrico en su conjunto y del país en general.”
“El futuro exigirá adaptación, pero también continuidad en los valores que han permitido construir lo que hoy es la industria eléctrica mexicana.”

Contexto
De 1993 a 1995, el sector eléctrico en México vivió una etapa de transición crítica marcada por la apertura económica y la inestabilidad financiera. Tras la firma del TLCAN, se modificó la Ley de Servicio Público de Energía Eléctrica para permitir la participación privada en la generación (autoabastecimiento y productores independientes). El reto era atraer inversión para modernizar la infraestructura sin perder el control estatal de la CFE.
Por otra parte, el país buscaba industrializarse rápidamente, lo que generó una presión enorme sobre la capacidad instalada. La CFE enfrentaba dificultades para financiar nuevas plantas solo con recursos públicos.
Además, la devaluación del peso y la crisis económica dispararon la deuda externa del sector y encarecieron los insumos importados. El reto principal pasó de la expansión a la supervivencia financiera y la renegociación de proyectos. En este contexto se intentaba mantener tarifas subsidiadas para el consumo doméstico mientras se buscaba eficiencia de mercado para el sector industrial, creando un desequilibrio financiero estructural.